Señor, haz que valoremos cada templo, cada lugar consagrado a ti, a darte el culto que mereces. Que sepamos valorar nuestras comunidades. Nuestras familias. A nosotros mismos como templos que somos de tu Espíritu. Que sepamos cuidar nuestra salud, la integridad de nuestra mente y corazón. Que aprendamos que nuestra vida sea siempre una casa de oración. Un lugar de encuentro contigo que nos permita amar más y mejor a nuestros hermanos y hermanas. Y que como Iglesia seamos piedras vivas en esta santa edificación.
Amén.