CUANDO EL CORAZÓN ESTÁ HERIDO, DIOS NO LO IGNORA... LO SANA

- PUENTE CATÓLICO GR

CUANDO EL CORAZÓN ESTÁ HERIDO, DIOS NO LO IGNORA... LO SANA
CUANDO EL CORAZÓN ESTÁ HERIDO, DIOS NO LO IGNORA... LO SANA

Hay heridas que no se ven que son internas y silenciosas, pero que duelen más que una herida física.

Heridas del alma, del rechazo, del abandono, del abuso, de la traición, de palabras que marcaron profundamente nuestro interior.

Una herida del alma es un dolor no resuelto que afecta nuestro corazón, pensamientos, emociones y nuestra forma de relacionarnos con Dios y con los demás.

Esas heridas no sangran por fuera, pero sangran por dentro.

Muchas veces hemos aprendido a funcionar con heridas abiertas.

De alguna manera nos acostumbramos al dolor, nos volvemos insensibles, duros, o hipersensibles.

A veces respondemos con enojo, con tristeza, con temor, con aislamiento, con inseguridad… y no entendemos por qué.

*¡Es porque hay una herida que aún no sanó!*

Estás heridas siguen allí, aunque muchas veces las tratamos de ocultar detrás de una sonrisa, de actividades cotidianas o simplemente camuflarlas con un poco de maquillaje.

Pero Dios las conoce y las ve... Y no solo las ve, sino que las quiere sanar.

El Salmo 147:3 nos muestra el corazón compasivo del Señor, Él no es indiferente al dolor que tengas.

Cuando estamos quebrados, Él se acerca como el mejor de los médicos para vendar, cuidar, restaurar nuestra vida.

Jesús no vino solo a perdonar pecados, sino también a sanar corazones rotos.

Él mismo lo dijo:
*«El Espíritu del Señor está sobre mí… me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón…»*
(Lucas 4:18)

Eso significa que tu dolor no es ignorado por Dios, ni es demasiado profundo como para que Él no lo pueda tocar y sanar.

*¿Cómo saber si tengo una herida en el alma?*

✓ Hay algo que aún duele cuando lo recuerdas.

✓ Evitas hablar de ciertas personas o momentos.

✓ Reaccionas de forma exagerada en temas emocionales.

✓ Sientes culpa, vergüenza o tristeza sin explicación.

✓ Te cuesta confiar, perdonar o amar libremente.

✓Tienes una imagen distorsionada de ti misma/o.

✓ Sientes falta de paz interior.

✓ Peleas con una baja autoestima o inseguridad constante.

✓ Sientes miedo al abandono, a la soledad o al rechazo.

✓ Tienes dificultad para confiar en otros.

✓ Tienes reacciones exageradas o ira contenida.

✓ Sientes tristeza profunda o vacíos inexplicables.

✓ Tienes dependencia emocional y no puedes estar solo/a.

✓ Repites ciclos de alejamiento de Dios o culpas constantes.

✓ Luchas con pensamientos como: “no valgo”, “nadie me ama”.

*¡Estos síntomas solo ponen en evidencia que hay áreas en nuestra alma que todavía siguen heridas!*

Entiende algo, Dios no quiere que vivas toda tu vida tapando o escondiendo heridas.

*¡El quiere que sanes completamente y al fin cicatrices!*

Él te creó para vivir en libertad, plenitud y gozo.

Hoy, lo primero que puedes hacer es reconocer delante de Dios si todavía tienes heridas que necesitan de atención.

No para revivir tú pasado, sino para que Dios comience a sanar desde la raíz y lo más profundo de tu alma y eso sea de manera genuina y no solo una sanidad superficial.

Recuerda que aquello que no fue sanado, Dios como el mejor especialista de Corazones, lo puede sanar y aún darte un nuevo corazón.

*Tratamiento Sugerido:*

1) Reconocer la herida.

2) Llevar a Dios en oración.

3) Dejar que su Palabra la limpie.

4) Perdonar si es necesario.

5) Recibir en fe la sanidad que  necesitas en su Presencia.

6) Permitir que Dios transforme esa herida en propósito.

Sabías que Jesús como nuestro buen Samaritano tiene suficiente vino, aceite y denarios para completar el tratamiento de  los que se encuentran heridos en el camino.
(Lucas 10:33-35)

1.*El vino:*
En la antigüedad, era usado como antiséptico natural, para limpiar las heridas.

En lo espiritual, representa la sangre de Jesús, que limpia nuestro pecado y empieza el proceso de sanidad interior.

*«La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.»*
1 Juan 1:7


2. *El aceite:*
Simboliza el Espíritu Santo y el consuelo

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