A sonreír también se aprende. Se aprende a no quedarse pegado al pasado, a no tomar todo tan personal y a buscar algo bueno en medio de todo.
Ejemplo:
Un profesor/ o tu jefe te hace un comentario injusto y en lugar de engancharte, decides sonreír y seguir. No se trata de ignorar con sarcasmo sino de dejar ir. Eso es crecer.
Sonreír es madurar sin perder la frescura.
Cuando el corazón sonríe, se te nota. Y eso no se puede fingir.