PEREGRINAR: CUANDO CADA PASO SE CONVIERTE EN ORACIÓN

Hace 10 horas SOCIEDAD

Una crónica de fe, esfuerzo y encuentro rumbo a la Basílica de Luján

¿Qué sentido tiene peregrinar? Es una pregunta que muchas veces aparece entre quienes observan desde afuera a miles de personas ponerse en camino. La respuesta, quizás, solamente pueda encontrarla quien alguna vez decidió caminar hacia los pies de la Virgen de Luján.
La peregrinación comienza mucho antes de dar el primer paso. Se prepara la mochila, el calzado, el agua y todo aquello que puede hacer falta durante el recorrido. Pero hay algo que no se puede guardar en una mochila: la fe.
Se sale con entusiasmo, sin pensar demasiado en los kilómetros que quedan por delante. El objetivo está claro: llegar. Llegar a Luján, encontrarse con María y poner a sus pies aquello que cada peregrino lleva en el corazón.
No importa demasiado si hace calor, frío o llueve. El cansancio aparece, las piernas pesan y los kilómetros parecen interminables. Sin embargo, hay una fuerza que empuja hacia adelante: el amor a María.
Un Rosario en la mano, en el bolsillo o una oración. Una oración por uno mismo, por la familia, por los amigos, por quienes no pudieron estar y por tantas intenciones que se fueron sumando durante el año.
Y mientras se camina, también se piensa.
Se recuerda lo vivido, lo bueno y lo difícil. Se agradece, se pide, se reflexiona. Se piensa en quienes esperan en casa. Y, en medio de esa reflexión, no sorprende que una lágrima recorra la mejilla.
Pero casi siempre aparece también una sonrisa.
Porque se está caminando. Se está avanzando.
Un camino lleno de historias
La ruta hacia Luján se transforma en un espacio donde todos tienen algo para aportar.
Se escuchan canciones, rezos, conversaciones y palabras de aliento. También están quienes trabajan durante horas para acompañar al peregrino: quienes ofrecen una hamburguesa o un choripán, quienes acercan frutas, agua, mate cocido o caldo y quienes brindan servicios fundamentales para poder continuar.
En los puestos de descanso se ven escenas que forman parte de la identidad de la peregrinación: piernas levantadas para aliviar el cansancio, personas colocándose crema, cambiando las medias o el calzado y recuperando fuerzas antes de volver a caminar.
El cansancio está presente, pero no logra vencer.
Porque el aliento de los demás se vuelve una fuerza adicional.
Todos para llegar
El mate no falta. Tampoco la solidaridad.
Parroquias, grupos de voluntarios, familias y colaboradores ofrecen su tiempo para acompañar a quienes peregrinan. Algunos preparan alimentos, otros brindan agua, otros simplemente están allí para decir una palabra que ayude a continuar.
Son muchas las manos que aparecen a lo largo del camino.
Y quizás allí esté una de las mayores enseñanzas de la peregrinación: nadie llega completamente solo.
Cada peregrino tiene su propia historia, sus motivos y sus intenciones. Pero todos comparten un mismo camino y una misma Madre.
Los que comenzaron siendo desconocidos terminan cruzando miradas, compartiendo una sonrisa, un mate, una oración o una palabra de aliento.
Y así, paso a paso, se construye una comunidad que camina unida.
El abrazo de la Madre
Finalmente, después de tantas horas, de cansancio, emociones, oraciones y kilómetros recorridos, aparece el destino.
Luján.
La Basílica.
La Virgen.
Allí se comprende que peregrinar no fue solamente caminar. Fue encontrarse con uno mismo, con los demás y con Dios.
Fue llevar preocupaciones y regresar con esperanza. Fue llegar con cansancio en los pies, pero con el corazón renovado.
Porque peregrinar es mucho más que recorrer un camino.
Es caminar con los pies, pero también con el corazón.
Y al llegar a los pies de María, quizás la mejor manera de explicar todo lo vivido sea simplemente decir:
“Madre, en tu Abrazo nos reconocemos hermanos”.

Eduardo Medina
BMRADIO ONLINE GR
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