ORACIÓN DE LA MAÑANA

Miércoles III Semana de Cuaresma
Hace 1 año PUENTE CATÓLICO GR

ORACIÓN DE ADORACIÓN, GRATITUD Y PROTECCIÓN 

Padre Celestial, Creador de los cielos y la tierra, Tú que vistes los lirios del campo y cuentas las plumas de las aves, hoy me postro ante Tu trono de gracia como un árbol que anhela raíces junto a corrientes de agua viva. En Ti, mi Roca eterna, encuentro refugio; en Cristo, el Cordero inmolado y Resucitado, hallo redención; y en el Espíritu Santo, Viento impetuoso que renueva la faz de la tierra, recibo aliento para seguir caminando. 

Te adoro, Trinidad Santa, porque Tu amor es como el sol que disipa las tinieblas, y Tu misericordia, como la lluvia que fecunda el desierto. Te doy gracias, oh Dios, por ser nuestro Pastor: aunque crucemos valles de sombra,
Tu vara y Tu cayado nos guían; aunque surjan las tormentas,
Tú calmas los mares con Tu voz.
Gracias por el maná diario, por el abrazo de Tu paz que supera todo entendimiento, y por ser faro en nuestra noche oscura. 

Intercedo ante Ti, Señor, por mi familia, ramas de esta vid que eres Tú. Protégenos de los lobos que acechan, de la cizaña que busca ahogar la semilla de Tu Palabra en nuestros corazones. Cubre nuestro hogar con la sangre del Cordero, como el arca que salvó a Noé,
y haz de nuestro testimonio un jardín donde florezca Tu gloria. Extiende Tu mano sobre los enfermos, los desalentados y los que vagan sin rumbo; que encuentren en Cristo, el Camino, Verdad y Vida, el agua que sacia toda sed. 

Te pido, Yahweh de los Ejércitos, que armado con el escudo de la fe y la espada del Espíritu Santo, avancemos confiados en Tu promesa: «Ningún arma forjada contra nosotros prosperará». Fortalece nuestra fe como los cedros del Líbano, y que nuestras lágrimas, como el rocío del Hermón, rieguen esperanza en tierra áridas. 

Entrego a Tus pies, Padre amado, cada temor, cada sueño y cada batalla. Que Tu voluntad sea el cauce de nuestro río,
y Tu gloria, nuestra única pasión.
Confío en que Cristo, nuestra Piedra angular, sostendrá cada paso, y el Espíritu Santo, Fuego consumidor, purificará nuestro ser. 

Te dedico esta oración, Dios Padre, en el Nombre poderoso de Jesús, el Hijo Unigénito, por quien somos salvos y redimidos.
Que toda alabanza, honor y dominio sean Tuyos, hoy y por la eternidad.
En el Nombre que es sobre todo nombre, Jesús de Nazaret, el Alfa y el Omega principio y fin.

Amén.