

Señor en este nuevo día me presento ante Ti para decirte cuánto te amo. Señor eres mi vida misma, eres la razón de todo mi ser, como un loco enamorado me pongo ante Ti en este momento de oración.
Vengo ante Ti con la confianza y la seguridad que Tú eres mi Padre, dispuesto a darme todo lo bueno que necesito, aunque muchas veces no sepa pedirlo ni agradecerlo. Me dices que pida, que toque, que busque… esas son las intenciones de mi oración.
Creo y confío plenamente en tu misericordia ante mis debilidades. Permite que este momento de intimidad contigo sea el medio por el cual aprenda a orar, como Tú quieres que lo haga. Dame el don de tu Espíritu Santo, e inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir y cómo debo actuar para que Tú reines en mi corazón.
Padre nuestro, que estás en el cielo, te pido que vengas a mi corazón. Dame las gracias que más necesito para mi santificación.
¡Te doy gracias Señor de todo corazón por tu misericordia y por tu lealtad!. Te agradezco por esos pequeños detalles en que siempre estás presente y con los que día a día me enseñas a vivir. Muchas veces vengo ante ti a pedirte por mis inquietudes y mis debilidades, por hoy, Jesús, te pido que me enseñes a orar. 
Necesitamos Tu ayuda Señor, concédenos la sabiduría que sólo procede de Ti, para que siempre te elijamos, para que siempre te busquemos, para que siempre Señor, Tú seas nuestra prioridad. Contigo Jesús queremos estar siempre, contigo queremos ir de la mano hasta el final de nuestras vidas, para que contigo también podamos gozar de las glorias eternas y no ser por nuestro pecado desterrados al fuego eterno.
Que no empiece este día sin hablarte, Señor. Te entrego todo lo bueno que haga para bien mío y de mis hermanos. También te entrego mi corazón dolido, ese solo tú lo sabes sanar. ¿A quién iré sino a ti? A nadie más. No te quiero pedir que quites mis penas, te pido me des fuerzas para seguir, fe para no desfallecer y alegría para saber sonreír. Ayúdame a llevar mi cruz con alegría, con paciencia, con amor y sobre todo contigo. Gracia Señor.
Señor, te pido que me ayudes a vivir siempre unido a Ti en mi oración, sabiendo que no es lo que diga sino cómo lo diga, lo que importa. Que mi relación contigo no se limite al tiempo que dedico a mi meditación o la celebración de la Eucaristía. Te necesito permanentemente cerca de mí, para no caer en la tentación, para poder vivir auténticamente el amor, para ser un incansable y eficaz discípulo y misionero.
María madre nuestra, asístenos y llévanos de Tu mano hasta Tu Hijo, Jesús.
Amén.
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